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Tengo un buen proyecto, ¿Cómo elegir a mis socios?

Giménez-Salinas | Sección: Artículos GS | Área de práctica: Societario y administradores

Una gran parte del éxito o del fracaso de los proyectos empresariales reside en la existencia de un acuerdo sobre el planteamiento inicial del proyecto y su filosofía.
Pero, ¿Cómo escogemos correctamente a nuestros acompañantes?
Los criterios serán diferentes si buscamos un socio inversor, industrial o profesional, pero existen varios factores que nos pueden ayudar en el proceso:

– La afinidad personal: los proyectos empresariales no dejan de ser proyectos con personas. Siempre será más fácil entenderse con alguien con quien existe una afinidad personal, que con alguien que no existe. La afinidad personal que buscamos no es la misma que se busca para tener un amigo. ¿Quién no tiene grandes amigos por los que se daría la vida, y sin embargo nunca querría tener como socios? En los negocios ponemos en riesgo nuestros recursos y nuestra seguridad, por eso la afinidad personal es un factor importante, pero no el único.

– Compartir una misma misión, visión, valores y objetivos: es vital que el proceso de elaboración del plan de negocio incorpore la identificación de la misión, la visión, los valores y los objetivos del negocio y de sus promotores. Si se identifican claramente, éstas son cuestiones que estarán por encima de todo lo demás, y servirán como guía ante las incertidumbres o discrepancias que surjan en el camino. En ese proceso, podremos identificar si el grado de implicación de cada componente es similar o no lo es.

– Confianza: La RAE la define como la “esperanza firme que se tiene de alguien”. Como esperanza, es algo incierto y subjetivo por naturaleza, pero eso no significa que no se pueda testar mediante experiencias y vivencias conjuntas.
Por ello, conviene experimentar y analizar las experiencias vividas con las personas, para identificar si reúnen los requisitos necesarios para que confiemos en ellas, y ellas confíen en nosotros. Cualquier confianza debe ser mutua y retroalimentarse, no podemos exigir que los demás nos tengan confianza sin ganárnosla ni confiar en ellos. Lo mejor es darla primero y esperar que venga de retorno.
Son vasos comunicantes. La confianza es como el camino, que se hace al andar. Por eso es mejor empezar a trabajar y arriesgar antes de las cuestiones legales para poner en marcha el termómetro de la confianza.

– Complementariedad: un factor que puede ser muy positivo en la creación de un equipo es la complementariedad entre los socios. Si todos los socios reúnen el mismo perfil podrían crearse más fricciones que si son complementarios y pueden liderar parcelas del proyecto.

Existen dos herramientas o momentos iniciales fundamentales que nos pueden ayudar a analizar los anteriores factores:

– Proceso de elaboración del plan de negocio o business plan: gran parte de las diferencias de planteamiento que pueden surgir a lo largo de un proyecto empresarial se pueden identificar previamente en el proceso de elaboración del business plan. Dicho proceso deberá conllevar múltiples reuniones en las que se deben analizar los anteriores factores, además de la viabilidad técnica del negocio.

– Proceso de elaboración de los Estatutos Sociales o del Pacto de Socios: otro momento para identificar la simbiosis entre los socios es la elaboración de los pactos sociales, donde trataremos cuestiones como las aportaciones, porcentajes, órganos de administración, funciones a desempeñar, política de distribución de dividendos, inversiones, consecuencias de una posible venta de acciones, forma de adopción de acuerdos, etc.

Muchos proyectos no han arrancado porque los socios no se han puesto de acuerdo en alguna de estas cuestiones y, lo que es peor, muchos negocios han fracasado por desacuerdos que se podrían haber identificado en el proceso de elaboración de los pactos sociales.
Durante la vida del negocio surgirán diferencias entre los criterios de los socios, eso es inevitable e incluso es necesario porque obligan a detenerse en el camino y meditar los pasos a dar. No obstante, cuando el detenerse en el camino es la tónica, algo no funciona. Quizás una forma de valorar la situación es volver atrás y ver qué ha fallado respecto al planteamiento inicial.
Muchas veces es la propia confianza la que falla, o un cambio en la visión del proyecto. Es este caso lo mejor es tener empatía, paciencia y mostrar una gran capacidad negociadora para priorizar el proyecto a las personas que lo integran. Si nos negamos en tratar de solucionar esa ruptura de confianza, lo más seguro es que primero se deteriore la relación entre socios, después el negocio, y se acabe por disolver la sociedad. En cambio, si identificamos correctamente la causa y construimos una solución meditada, podemos salvar el proyecto, y con él las ilusiones, iniciativas y puestos de trabajo.

Giménez-Salinas Abogados

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